RELIGIONARIO
En mi principio está mi fin
Four Quartets, Thomas Stearn Eliot (Missouri 1888, Londres 1965)
Desnudo en la noche, inmerso en un estanque de aguas limpias, miro el cielo estrellado, Júpiter, padre de los dioses, me observa apoyado en Sagitario y la media luna creciente, rodeada de un halo de sudor, esta en pleno ocaso, sumergiéndose tras las montañas. Me siento frágil ante tanta grandeza pero a la vez fuerte en mi pequeñez, por una parte me recreo en el misterio pero a la vez sospecho las evidencias:
¿Donde me ubico yo entre el Cielo y la Tierra?.
¿Soy un ser transcendente que balbucea desde el fango de la evolución biológica?.
Soy una Conciencia que se entretiene en su autocreación, empujada por unos principios creadores arquetípicos que le alientan en ese proceso?.
¿O sólo soy un bichito vanidoso que necesita creerse alguien para darle mayor sentido a su vida?.
¿Soy un animal civilizado, culturizado y domesticado que se cree con derecho a transcendencia, encaramado en lo alto de su madriguera.
¿Soy Espíritu?, ¿soy Carne?, ¿soy Carne y Espíritu?.
¿He venido a hacer algo concreto aquí?, ¿tengo algún destino glorioso?, ¿alguna misión, aunque sea pequeña?.
¿O solo estoy aquí, como cualquier otra entidad viviente, para hacer mi propio periplo vital y volver, al seno de la Madre Tierra, como abono para futuros cardúmenes creativos?.
¿Merece la pena pensar un solo instante en toda esta confusa tormenta de ideas?.
¿O es mejor, simplemente, vivir, dejando fluir de forma saludable mis pensamientos, mis emociones y mis instintos, para poder construir un hacer armónico propio de un animal humano que quiere ser cada día más feliz?.
Todo me indica que más allá de otras consideraciones:
Hemos nacido para el disfrute de nuestros sentidos y de nuestro cuerpo, lo que incluye todas nuestras capas humanas, mamíferas y reptilianas.
Hemos nacido para cooperar en el mantenimiento de este ecosistema cósmico, Gaia, que habitamos y exploramos para nuestra plena satisfacción.
Hemos nacido para expresar el Arte que anida en el núcleo de nuestro Ser y que emerge a pesar de los pesares, de frenos, cadenas y mordazas.
Hemos nacido para aventurarnos en el descubrimiento de todos los secretos y tesoros que se esconden en este Universo perfecto y armonioso, que refleja su orden y sus proporciones en nuestra propia estructura formal e informal.
Hemos nacido para procrear y perpetuarnos como especie en este paisaje, hecho de tiempo y espacio, que hemos colaborado a modelar.
Hemos nacido para redescubrirnos y reconocernos en el Otro, y hemos bautizado esta sublime emoción o sentimiento como Amor.
En fin, hemos nacido para morir, pero lo que verdaderamente importa es toda esa senda por descubrir entre esa dos fronteras que, al menos aparentemente, nos limitan.
Finalmente creo que, mas allá de todas estas cavilaciones, solo quiero encontrar la paz, sentirme ubicado, con los pies firmemente afianzados en el suelo y mi cuerpo flexible ante el inmenso espacio y el inexorable tiempo, para cuando llegue mi momento morir, a ser posible, con una sonrisa en los labios y un sentimiento profundo de trabajo bien hecho. Toda una utopía hacia la que caminar.
El tiempo pondrá todo en su sitio y con suerte, al final del camino o en un alto en el camino, entenderemos, aunque solo sea un poquito, algo de esta increíble confabulación.
En el horizonte, Escorpio se columpia rozando la fantasmagoría luminosa de la ciudad y Cáncer, crustáceo constelado, apenas se vislumbra oculto entre las tinieblas exteriores. En esta noche calurosa de verano ulula un mochuelo encaramado a alguna rama ,y yo me vuelvo a sumergir en el estanque dando gracias a la vida de estar vivo.
Agosto 2008